Impresionante vivienda camuflada con la naturaleza

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Nueva Zelanda es sin duda uno de los últimos paraísos naturales del planeta, un lugar donde la naturaleza salvaje aún no ha sido controlada del todo por la mano del hombre. Esta increíble casa de playa, situada en Piha North (una zona de costa ubicada en el norte del país), es un buen ejemplo de ello.

La vivienda, producto del buen hacer del estudio de Auckland Herbst Architects, tiene dos plantas y además de estar situada junto a la playa, comparte espacio con magníficos árboles centenarios que le sirven de cobijo y complementan su belleza. Su nombre es Under Pohutukawa (Bajo Pohutukawa), palabra aborigen que designa a los árboles que la cubren.


La residencia es tan espectacular por dentro como por fuera. Su salón se abre completamente al entorno gracias a los paneles de vidrio correderos que lo cierra, permitiendo que entre la luz natural y se genere circulación de aire fresco por toda la casa. Según el estudio de arquitectura, el terreno donde se levantó la vivienda era complicado al estar cubierto casi en su totalidad por un noventa por ciento de árboles pohutukawa. Los arquitectos tuvieron que trabajar con suma delicadeza para evitar derribar la mayor cantidad de árboles posible, y así conservar la belleza del entorno en su totalidad.


El edificio se dividió en dos zonas: privada y pública, y así se generaron volúmenes individuales más pequeños que permitían una mayor flexibilidad de distribución. Los dormitorios y el garaje se encuentran ubicados en dos torres que están construidas con los troncos de los árboles que se talaron. Para simular la corteza de los árboles, las torres se recubrieron con listones irregulares de madera sin desbastar, en color negro y castaño oscuro. La zona pública comunica ambas torres e intenta fundirse con el bosque que la rodea, definiendo un espacio intermedio entre el poderoso entorno natural y la casa edificada. El plano de la cubierta forma salientes que llegan a las torres y se comunican con las gruesas ramas de los árboles, desintegrando el plano sólido con una pérgola que filtra la luz al igual que las copas fondosas.

Fotografías: Patrick Reynolds.

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